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Relación entre filosofía y educación. Notas para repensar el quehacer docente.

Relación entre filosofía y educación. Notas para repensar el quehacer docente.

Relación entre filosofía y educación. Notas para repensar el quehacer docente.

 “La filosofía es la sabiduría de la perfección del alma humana. La filosofía es el amor y la investigación la sabiduría”

Séneca, Lucio.

 

Filosofía y educación, sin duda una simbiosis interesante. A mi parecer, la una no podría existir sin la otra.

Si bien es cierto que cada una posee sus particularidades metodológicas y teóricas,  el proceso educativo, lleva en sí mismo el arte de “filosofar” ante los impactos.

Como bien menciona Cohan, W. (1996) “(…) La filosofía de la educación tiene una función de resistencia y liberación (…)”[1]  y es que no podemos hablar del fenómeno educativo sin exaltar esa dimensión crítica, filosófica y proactiva que debe derivar en las mentes de las educandos.

El ser humano no es un ente estático y que desempeñe únicamente el papel de receptor. La magnificencia de la mente humana, reacciona ante el estímulo y la propia información que se comparte en el acto educativo.

Es por ello, que a mi punto personal, el fenómeno educacional es formador, no solo en cuanto al otorgamiento de habilidades específicas y conocimientos teóricos, destaca más bien, el estímulo que origina en las mentes humanas.

Tal y como se sembrara una pequeña semilla en cada una de las mentes receptoras al conocimiento, ésta germinará irremediablemente. La dimensión crítica se habrá iniciado, sigilosa cual inevitablemente.

Ante este panorama, resulta importante, que retomemos la importancia que tiene el posicionamiento que adopte el profesor (o guía educativa) desde la filosofía de la educación.

 “La filosofía no puede aprenderse, sólo puede aprenderse a filosofar” Emmanuel Kant.

Esta frase nos pone de manifiesto que la filosofía, más que un concepto, es una forma de vida. Se trata de conmocionarse ante los impactos que se acontecen, aun cuando éstos nos afecten directamente o no.

“Una mirada filosófica de la vida”, nos invita a no permanecer inmóviles ante los fenómenos, nos proporciona “unas gafas inmersas en crítica y reflexión para  actuar”, nos brinda otra vista, otro ángulo desde dónde observar este contexto del que formamos parte.

Es por ello, que considero relevante (así como decisiva) la postura que presente el guía educador durante este proceso.

Como bien menciona Cohan, W. (1996) “(…) enseñar filosofía de la educación supone no afiliarse a una corriente sino tener en cuenta todas las corrientes posibles, al menos un número significativo de ellas. El profesor, se sitúa fuera de estas posturas (…)[2]

Y es que, realmente, el fungir el papel de guía en este complejo proceso, conlleva a introducir a nuestros alumnos en nuestra propia visión paradigmática.

“Lo ideal”, es conocer diferentes corrientes filosóficas, para desde este rico panorama, se exhiban a los educandos todas las posibilidades teórico-prácticas que existen.

Sin embargo, considero que, esto resulta un poco utópico, ya que somos seres humanos, nos encontramos “moldeados” inconscientemente por la manera en que fuimos educados, o bien, por la adopción consciente de otro tipo de enfoques.

En este caso, el profesor, debe yuxtaponerse entre las diversas corrientes y ofrecer una visión fuera de ellas, sin mostrar inclinación por algún enfoque específico.

Se trata de intervenir sólo como un facilitador de conocimiento, mostrar ese rico y amplio panorama para que, de éste, el alumno comprenda las corrientes que tratan de explicar el fenómeno, e inevitablemente, se identificará con aquella que responda en mayor medida sus necesidades y propia visión.

Esta acción no se realiza de manera automática, es importante “(…) concentrar la atención en la problemática educacional y desatar ante ella una actitud filosófica (…)

“La filosofía no debe ser considerada una cosa acabada y externa sino una actitud metódica del profesor-educador que enfrenta reflexiva y críticamente esa realidad educacional de la que forma parte”[3]

Es importante que reconozcamos que como docentes, llegamos a compartir una idea de filosofía ante la vida. Y es que filosofar no es un concepto terminado y ajeno a nosotros, la filosofía se enseña mediante la práctica.

Si nuestros alumnos, tienen como ejemplo a guías pensantes, lectores, críticos de la sociedad en la que viven, y que no sólo asumen los acontecimientos sin hallar causas para intervenir en su combate, sin duda, se está transmitiendo en él, una postura filosófica, será un individuo que, de igual manera, reaccionará ante impactos y se conmocionará ante ellos.

Importante el comentario de Cohan, W. (1996), cuando expone: “Se asume la filosofía como práctica reflexiva o se la ignora, se la vive como actitud problematizadora o se la desconsidera. Pretender enseñar una filosofía en el sentido de transmitirla sería contra la propia existencia del pensar filosófico que exige problematización, reflexión, interioridad. Transmitir una filosofía desde fuera es como matarla desde dentro”[4]

Otro punto, sin duda, importante  que no podemos dejar de vista, es el elemento de  historicidad en el que se desarrolla la filosofía de la educación.

Pues sin duda, esa filosofía, es decir, esa manera de comprender la vida,  el entorno, inevitablemente reaccionará al contexto socio-histórico en el que se desarrolla.

Pensemos en el concepto de la filosofía idealista de Platón, donde se exalta el espíritu humano, el mundo de las ideas y nuestra interminable lucha contra los pensamientos y pasiones “animalescas”, en esta filosofía, el fin último de la educación era obtener la felicidad del hombre, mediante su propio conocimiento y del mundo que lo rodea.

Comparémoslo, por ejemplo, con la filosofía aristotélica realista, en la que el humano se deja de considerar un ser espiritual y el mundo de las ideas deja de considerarse, para más bien, recalcar la diferencia entre materia y mente humana, y paradójicamente, en este modelo, el fin último de la educación no tiene nada que ver con alcanzar la felicidad, se trata más bien, de poseer sabiduría.

Con esto, podemos reafirmar que “(…) La filosofía de la educación es una práctica histórica, y significa que su propia comprensión, sus métodos, sus problemas y preguntas (…) se construye y varía de acuerdo con el contexto histórico (…)”[5]

Por ello, resulta importante desarrollar una reflexión viva en torno a los problemas educacionales contemporáneos. En primer lugar, como guías facilitadoras en este proceso educativo, no podemos dejar de concebir a nuestros alumnos como entes dinámicos y partícipes dentro de este proceso de crítica y reflexión, es decir, ellos no son sólo receptores pasivos de información, ellos también reflexionarán,  y lo más importante, actuarán en nuestra realidad.

Por otro lado, Foucault, nos dice: “En la filosofía conviven dos grandes aspectos: por un lado, el análisis de un concepto o problema en términos universales, por el otro, el análisis crítico de un suceso histórico, de un acontecimiento de actualidad”[6]

Con esto, podemos apreciar la importancia que tiene la filosofía de la educación en cuanto formadora de sujetos, es a partir de ella, que se nutrirán las mentes de los sujetos que integran nuestra sociedad, nuestro contexto.

He ahí la importancia de los valores, creencias y conocimientos que se manifiestan, y es dónde nos podemos realizar la siguiente interrogante ¿Hacia qué tipo de intereses debe responder esta filosofía educativa?, ¿responderemos a los intereses de las instituciones dominantes, o a lo que la propia humanidad reclama?

Pensemos en aquello que deseamos ser, transmitamos una filosofía orientada a este paradigma. Re pensemos y re valoremos acerca de los discursos oficiales, consideremos a la filosofía de la educación como una función liberadora de las barreras que nos mantienen en opresión.

 

Denise Atala Rubio.

Coordinadora en México Red Educativa Mundial.

 

Bibliografía.

Cohan, W. (1996) Filosofía de la educación. Algunas perspectivas actuales. Ediciones Salamanca, Brasilia, pp.141-151.

Langon, M. (2012). Filosofar en el aula, filosofar en la plaza, dialéctica, Nueva Época, Número 44.

 

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[1] Cohan, W. (1996) Filosofía de la educación. Algunas perspectivas actuales. Ediciones Salamanca, Brasilia, pp.142.

[2] Cohan,W. (1996) Filosofía de la educación. Algunas perspectivas actuales Ediciones Salamanca, Brasilia, pp.143.

[3] Ibid,p.144

[4] Ibid,. P.144

[5] Ibidem., p.145

[6] Foucault, M. (1994) Est-it done important de penser?, En: Cohan,W. (1996) Filosofía de la educación. Algunas perspectivas actuales Ediciones Salamanca, Brasilia, pp.147.

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